Catemaco, Ver.- (AVC) La oscuridad y el silencio reinan en el lugar, apenas se escuchan los grillos a lo lejos; el ritual prohibido, el de la magia negra, el que adora a Satanás o príncipe de las tinieblas, a la santa muerte, está por dar comienzo.

Uno a uno de los adoradores llegan con un sólo pensamiento: tener fe y poder, para eso llevan como ofrenda bebidas espirituosas para Belcebú, en este primer viernes de marzo.

La misa negra comienza con seis brujos vestidos con el color de la noche y encerrados en una estrella de seis picos pintada con cal blanca sobre la tierra.

En el ambiente reina el olor a incienso, a loción, a ocote, a hierbas, a licor.

Justo media hora antes de la media noche, el viento sopla con fuerza para mover las plumas de animales que llevan los brujos o ahijados del príncipe de las tinieblas.

En esta noche personas renuncian a sus creencias a Dios y se inician en la creencia a la Santa Muerte.

A las 00:00 horas del primer viernes de marzo, los elegidos pasan al centro de la estrella, para reír a carcajadas y expresar su beneplácito a nombre de Satanás, porque el ritual de magia negra una vez más se celebra.

Una de las doncellas ofrece una danza árabe de la fertilidad a los ídolos que representaban a Lucifer y hombres ataviados con penachos de plumas, interpretan una danza náhuatl.

Es entonces que cada uno de los brujos toma una gallina negra, la pasa alrededor de una daga, después por sus cuerpos, sobre el mechero con fuego y se las presenta a sus ídolos, los tambores no dejan de sonar.

Los adoradores se acercan para que los brujos les pasen las gallinas por sus cuerpos, con el propósito de que el príncipe de las tinieblas los acompañe hasta su hogar, trabajo y les cumpla sus deseos.

Entonces los chamanes llevan a sus elegidos ante los ídolos y ahí los enseñan a arrancarle las plumas a las gallinas, para después degollarlas y con la sangre caliente bañar a Satanás.  

A las 01:30 horas la gente se dirige hacia la estrella, los brujos la encienden y le dicen a los iniciados que tirarán los cadáveres de las gallinas por los huecos de la figura geométrica.

De pronto como por arte de magia, aparecen siete rayos de luz que surcan el cielo y hacen desaparecer la noche oscura para alumbrar a los presentes.

El ritual finaliza cuando los iniciados llevan un tronco para colocar los ídolos en el interior de una cueva hechiza con piedra y cemento, en donde yacen cadáveres de animales.

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