Un hombre caminaba solitario en el cruce de Chile y Belisario Domínguez, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Empujaba un diablito que cargaba varias cajas de esas café oscuro en las que se guardan los pollos, cuando en un mal paso tiró dos cajas justo cuando pasaban dos elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la capital. 

Uno de ellos intentó ayudarlo cuando se percató que dentro de las cajas había bolsas negras -mal presagio- y dentro de ellas carne muy blanca. Todo esto mientras el sujeto intentaba acomodar rápidamente de nuevo su diablito.

El uniformado exigió al varón que mostrara lo que había dentro y vio el horror: primero un brazo, luego un hombro y una oreja, eran los restos de alguien a quien habían cortado en pedazos. El hombre se identificó como Edgar, de 39 años, dijo no saber que tenían las bolsas y que le habían dado droga para que las tirara.

 

 

El relato es parte de la columna del Héctor de Mauleón, quien asegura que los descuartizados eran dos menores de edad desaparecidos días antes: Héctor Efraían, de 14 años; y Alan Yair, de 12 años. El columnista menciona que los menores posiblemente estuvieron relacionados con las bandas de narcomenudeo y extorsión de la ciudad. 

La jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, confirmó esta versión al señalar que el caso está relacionado con narcomenudeo. Dijo que la fiscalía ya está en contacto con los familiares de las víctimas para apoyarlos.

Los cárteles de la droga reclutan de forma constante a los menores de edad para sumarlos a sus filas criminales. 

De acuerdo con la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en la Ciudad de México opera el Cártel de Sinaloa, el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), la Unión Tepito y la Fuerza Anti Unión.

 

 

 

LOS NIÑOS EN LAS MIRAS DE LOS CÁRTELES

Mercedes Llamas, coautora del libro "Un sicario en cada hijo te dio", expuso en entrevista con La Silla Rota tres razones principales por las que organizaciones criminales engrosan sus filas con menores de edad. 

Primero porque son mano de obra barata: "Los niños salen más económicos, mucho más fácil pagarle 30 mil pesos a un niño sicario que a un adulto que exigiría un poco más".

La segunda razón es porque los menores son más maleables: "En los entrenamientos de los cárteles en la sierra, a los niños se les da a un perrito, lo tienen que cuidar por un mes y al final de mes tienen que matarlo. A un adulto le costaría más trabajo, al niño también le costaría pero se va endureciendo más rápido, va perdiendo la noción entre el bien y el mal".

La tercera, las endebles medidas legales contra los menoresMercedes explica que México, como en la mayoría de los países, a los niños menores de 14 años no se les puede privar de su libertad sin importar el crimen que cometan, es una legislación benigna y garante de Derechos Humanos.

 

 

EL "PERFIL" DE LOS NIÑOS SICARIOS

También existe un "perfil" de niños sicarios, según señala Mercedes Llamas. Primero, señala que existe una violación sistemática de los derechos humanos por parte del gobierno en contra de los niños, misma que los pone vulnerables: "Si la familia no le da (un sano desarrollo), el gobierno es el encargado (de darlo)".

El segundo factor es el entorno criminógeno, es decir, el ambiente cooptado por el crimen en el que se encuentra un menor. "Hay zonas específicas en donde las familias completas se dedican a delinquir, en donde es algo habitual", señala Llamas.

Otra de las razones, señala Llamas, es una muy marcada marginación social y falta de oportunidades, "esto hace que los menores encuentren en el crimen la posibilidad de cubrir ciertas necesidades económicas y emocionales que no puedan cubrir de otra forma".

Mercedes Llamas menciona la "actitud procriminal" como otro de los factores que convierten a un niño en sicario, se trata de la atención que el menor tiene a ciertas características de lo criminal.

 

 

La "actitud procriminal", señala la autora, tiene tres vertientes: la admiración a los delincuentes, la racionalización de sus conductas y el rechazo a la autoridad. 

"Esto lo vemos en los niños que les preguntan ´¿qué quieres ser de grande?´ y responden ´Quiero ser narcotraficante´. Esta admiración que ven en el narcotraficante que llega al pueblo, trae ´camionetones´, ´mujerones´ y todo el dinero del mundo", dice Llamas sobre la primera vertiente que, añade, también es motivada por las "narcoseries".

Sobre la racionalización de conductas, Mercedes explica que se trata de la justificación de los menores por sus actos: "Empiezan a decir ´estoy haciendo esto porque si no, no puedo ganar esta cantidad de dinero´, es ponerte pretextos, justificarte".

En cuanto al rechazo a la autoridad, la autora señala que es más natural; sin embargo, en los niños sicarios se ven más afectados porque se dan cuenta que son parte del crimen: "cómo le voy a pedir a un adolescente que tenga una actitud distinta a la autoridad, si lo único que ve es a criminal con placa".

"Todo esto se conjunta y hace que los niños a los 8 años digan ´esta es mi salida´ o ´no tengo otra salida´[...] y a los 12 años ya saben matar", sentencia Mercedes Llamas.