Sara, Eloy, Miguel y Pablo representan la acción del Gobierno Municipal en cada crucero y espacio público donde existen niñas, niños y adolescentes que trabajan en contexto de calle. Son guía, orientación, acompañamiento y atención. Son Educadores de Calle.

Para Sara García un Educador de Calle es una persona que desde el Sistema Municipal de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) dedica su tiempo a promover los 20 derechos de la infancia entre padres, madres, hijas e hijos, con el fin de que los conozcan, se apropien de ellos y los pongan en práctica, además de hacer conciencia sobre los riesgos que implica laborar en la vía pública.

Día con día, Sara y sus compañeros recorren diversos puntos de la ciudad para conversar, desarrollar dinámicas y convivir con quienes por distintas circunstancias han hecho de la calle su espacio laboral.

Conscientes de que la mayoría no está ahí por decisión propia, la actividad de los Educadores de Calle se extiende al núcleo familiar, donde el esfuerzo se enfoca en tratar de cambiar las formas de crianza.

“Es un trabajo difícil porque hay que ser muy consciente de la situación de cada una de las familias. Hay algunas que realmente están comprometidas con la educación de sus hijas e hijos, pero hay otras que están a la defensiva”, expresa mientras prepara un juego para la promoción de los derechos infantiles.

COVID-19, UN OBSTÁCULO MÁS

No es secreto que la pandemia del Coronavirus SARS-CoV-2 ha cambiado la dinámica del mundo para siempre. La educación no ha sido la excepción, pero en un ambiente en el que ya es difícil el acceso a la educación como en el que viven las niñas, niños y adolescentes en contexto de trabajo de calle, el impacto es mayor.

Por eso la labor de los Educadores de Calle y el Sipinna Municipal ha sido fundamental, tanto para mantener el contacto con las autoridades escolares, como para que cada crucero se convierta en un plantel educativo y punto de acceso a Internet.

Durante su estancia en el crucero de las avenidas Adolfo Ruiz Cortines y Acueducto, Pablo Hinojosa explica que en general los padres y madres son comprensivos, entienden qué es lo que vienen a hacer con sus hijas e hijos y agradecen que tengan algún tiempo con personas que les pueden enseñar y apoyar con sus tareas.

En el lapso de por lo menos una hora, los Educadores de Calle ayudan a estas niñas, niños y adolescentes y sus familias en el acompañamiento de los procesos de inscripción, proporcionan guías de estudio impresas, equipos móviles y ofrecen un espacio en las oficinas del Sipinna Xalapa para hacer uso de equipo de cómputo, si es necesario.

LA RESISTENCIA AL CAMBIO, UN RETO

“Mi hijo va a trabajar y no importa lo que digan ni lo que hagan”. Ésta es una de las respuestas que los Educadores de Calle han llegado a recibir de parte de madres y padres de familia que se niegan a recibir apoyo de la autoridad municipal para que sus hijas e hijos tengan un desarrollo mejor.

De acuerdo con Pablo, su labor es insistir para que se cumplan los derechos de las niñas, niños y adolescentes... hablar sobre los delitos en los que se puede incurrir si se les obliga a trabajar o se les pone en riesgo innecesario.

Los Educadores de Calle cuentan con el respaldo de otras áreas municipales como el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) y la Procuraduría Municipal de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, áreas que se encargan de que sus derechos se respeten por cualquier vía.

Sin embargo no todo es negativo. También existen padres y madres de familia que han comprendido que no es sano que sus hijas e hijos estén en la calle y algunos han reducido sus horas de trabajo o incluso han dejado de salir, pero ahí no concluye la labor de los Educadores, pues además dedican tiempo para dar seguimiento a cada caso.

EDUCADORES DE CALLE DAN FELICIDAD 

Guadalupe González Barranco es una joven madre y limpiaparabrisas que labora en el crucero de las avenidas Adolfo Ruiz Cortines y Acueducto; sus niños, Miguel Ángel y Heriberto aprenden el oficio practicando todos los días, pero durante la visita de los Educadores de Calle conocen sobre sus derechos.

Para Guadalupe, el tiempo que pasan sus hijos con los Educadores es el más feliz durante su jornada, pues disfrutan de la compañía de Sara y Pablo, quienes les enseñan a través de juegos, en los que a veces también la incluyen, para enriquecer la convivencia.

“En el crucero pasamos como 4 o 5 horas, no los puedo dejar en casa porque se quedarían solos y necesitan vigilancia”.

Desde hace cerca de año y medio, los Educadores de Calle conviven periódicamente con estos niños, a quienes ahora les dan más ganas de salir a acompañar a su mamá porque aprenden cosas nuevas.

En el crucero de la avenida Xalapa y Lucio Blanco se encuentra María Fernández Durán, quien junto a su marido vende limones a los conductores.

Ella agradece la presencia de Eloy y Miguel, quienes durante esta pandemia los han apoyado para que su hijo y su hija no pierdan contacto con su centro escolar, además de proporcionarles algunos útiles y hecho gestiones para conseguir uniformes y que puedan tener clases por Internet.

Ella está consciente de que las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a seguir estudiando y a divertirse, también a vivir en familia y a la convivencia. Asegura que sus hijos no trabajan en la calle, sólo se dedican a acompañarlos mientras ganan dinero para poder darles de comer, un lugar dónde vivir y que reciban educación.

“Ellos merecen cariño porque la verdad a mí no me lo dieron. No es por juzgar a mi madre, pero yo no lo tuve y como a mí me trataron, yo no voy a tratar a mis hijos. Quiero que tengan todo lo que yo no tuve”.

Su deseo es que sigan estudiando para no terminar en las calles como le sucedió a ella desde muy chica: “Son niños, no tienen idea de los difícil que es”. 

Además, agradece la labor educativa de Miguel y Eloy, pues sólo estudió hasta la secundaria y hay actividades que no entiende. Es bueno que exista alguien que sí lo haga y los pueda ayudar a comprender.

RESTITUYENDO UN DERECHO HUMANO

La mañana del 20 de octubre, para Claudia Hernández Báez y Miguel Martínez Cruz, jóvenes que laboran como malabaristas en diversos cruceros de Xalapa, fue un día especial, pues por fin pudieron darle a su hijo de año y medio un derecho fundamental: el derecho a la identidad.

Acompañados de los Educadores de Calle y de la procuradora de Protección a Niñas, Niños y Adolescentes, María de Montserrat Díaz, Claudia y Miguel acudieron a la Oficialía del Registro Civil de Xalapa, donde dieron a José Elian Martínez Hernández su ciudadanía mexicana.

Claudia, de 15 años, está emocionada porque nunca antes había recibido apoyo del Gobierno, y sobre todo porque su hijo ahora cuenta con su Acta de Nacimiento.

Parece ser una señal de que las cosas pueden salir mejor. Que la vida puede ser mejor. Por eso le ha regresado la ilusión de estudiar “belleza” y continuar la secundaria.

“Me están apoyando para que estudie de nuevo. Dejé los estudios porque me junté con mi novio a los once años y me embaracé a los 13. No tenía la posibilidad de que alguien me lo cuidara, por eso dejé la escuela”.

LA PASIÓN, MOTOR DEL EDUCADOR DE CALLE

Sara, Pablo, Miguel y Eloy dicen que para ser un Educador de Calle más que una preparación profesional se necesita pasión, querer aportar tiempo y esfuerzo en favor de las niñas y niños, quienes muchas veces no cuentan con más personas que su familia y ellos, que se esfuerzan por hacer su día más llevadero.

Sara afirma que no hay mejor experiencia que llegar a un crucero y que las niñas y niños la reciban con un abrazo, la reconozcan en la calle, se sepan su nombre... y verlos crecer y aprender sobre sus derechos, “además de que el conocimiento no sólo va de nosotros a ellos, sino también de ellos hacia nosotros”.

Pablo dice que estos niños son como cualquier otro: “Les gusta jugar, que les hagas caso. Te van a pedir una moneda, pero si también les puedes dar una sonrisa o un chiste, mucho mejor. Para ellos es importante que alguien los escuche, que les haga caso, que los vean como lo que son: seres humanos, y no sólo como parte del paisaje”.

En Xalapa se han contabilizado 300 niñas, niños y adolescentes en 48 cruceros de 22 zonas de la ciudad que trabajan o viven en situación de calle, por lo que diariamente, el Ayuntamiento, a través de los Educadores de Calle, se acercan para tratar con ellos temas socioeducativos, así como sobre la prevención de riesgos. El objetivo, mejorar su vida, regresarles su infancia y paso a paso, reducir su presencia en la calle.