El cielo todavía está oscuro cuando María del Rosario Pérez camina desde su casa hasta el punto de encuentro con sus compañeras de búsqueda, con las que partirá hacia Arbolillo.

 

La mujer, de 46 años, espera a las afueras de una bodega de harina de maíz en Las Amapolas, en el puerto de Veracruz, mientras sus compañeras llegan por ella; son más de las siete de la mañana.

 

Cuando el grupo de mujeres llega, sube a la camioneta; el saludo solo es verbal, nadie se da la mano y tampoco el beso en la mejilla que se acostumbraba antes de la pandemia de la covid-19.

 

 

En la camioneta tipo Urban, acondicionada para 20 personas, viajan solo cuatro mujeres que se dirigen a Arbolillo para buscar a sus hijos desaparecidos en un cementerio clandestino.

 

Van acompañadas por tres hombres que a diario las ayudan a remover la tierra de los predios en los que, desde 2019, encontraron más de cinco mil restos humanos.

 

Nadie hace el viaje si no está vacunado contra la covid, mucho menos si presenta algún síntoma o algún indicio de que pudiera estar infectado, aunque sea solo un resfriado.

 

Tampoco asiste nadie que tenga alguna enfermedad crónica o factor que lo ponga es riesgo por contagiarse de covid: diabeteshipertensión, entre otros.

 

 

Las mujeres, todas madres de personas desaparecidas, y los hombres que las acompañan, portan cubrebocas y cada uno carga sus propios insumos contra la covid.

 

Son las nuevas reglas para las madres desde que la Secretaría de Salud del estado comenzó las jornadas de vacunación en Veracruz.

 

A decir de Lucía Díaz Genaovocera del Colectivo Solecito, el riesgo de contagio se presenta únicamente en el traslado, ya que las búsquedas se realizan en terrenos que están al aire libre.

 

Las madres llegan hasta Arbolillo, el escenario del horror situado al margen de la laguna de Alvarado, donde las autoridades ya las esperan para continuar el camino a las fosas clandestinas.

 

El camino continúa en caravana con personal de la dirección de Servicios Periciales de la Fiscalía General del Estado (FGE) y de la Comisión Estatal de Búsqueda.

 

La camioneta avanza por un camino pavimentado rodeado de casas humildes que pronto se convierte en un sendero de terracería en medio de árboles que cercan la laguna alvaradeña.

 

María del Rosario camina por el predio, en medio de vacas y charcos de agua, hasta que llega al punto donde seguirá la búsqueda pausada un día antes. 

 

 

Va preparada con botas y ropa cómoda, preferentemente de manga larga, y un gorro en la cabeza, para aguantar el calor que golpea con más de 30 centígrados en Arbolillo.

 

Para protegerse de la covid, porta en todo momento el cubrebocas y, encima, una careta que le cubre el rostro. 

 

Las madres quieren evitar un contagio a toda costa, pues saben que un brote pondría en riesgo la continuidad de las búsquedas en el lugar.

 

El sudor resbala sobre el rostro de Rosario, quien con una pala busca restos humanos entre la tierra; es mediodía. 

 

Con una mano se ajusta el cubrebocas ya empapado por el sudor, mientras intenta secarse la frente con el brazo.

 

"En todo momento estamos con cubrebocas, para nada nos lo quitamos, solo cuando tomamos agua", dice.

 

Aunque las medidas sanitarias son molestas por el calor y el cansancio, la madre asegura que el amor por sus hijos desaparecidos es más grande que la pandemia.

 

"Perdí más cosas en la vida, para mí es primordial estar en las búsquedas aun con las medidas pertinente que se tienen que hacer", comenta.

 

SE VACUNÓ PARA SEGUIR BUSCANDO A SU HIJO

María del Rosario recibió la segunda dosis de la vacuna contra la covid-19 el pasado 28 de julio en el módulo de vacunación de Las Amapolas, colonia donde tiene su domicilio en Veracruz.

 

Se aplicó la vacuna con un solo objetivo: seguir yendo a Arbolillo para buscar a su hijo Arturo Manuel Huguette Pérez, a quien parece que la tierra que escarba con palas y rastrillos se lo hubiera tragado.

 

 

La última vez que lo vio fue el 9 de septiembre de 2016, cuando el joven desaparecido tenía 17 años.

 

Aquel día, antes de que regresara a su domicilio, la mujer le escribió a su hijo alrededor de las dos de la tarde para decirle que ya estaba en camino a casa, pero él nunca respondió.

 

La madre pensó que su hijo se encontraba en el estadio Luis "Pirata" Fuente, pues esa noche los Tiburones Rojos se enfrentarían con el Pachuca.

 

"Ya tenía su boleto, pensé que estaba en el estadio, por lo del partido; me esperé, pero nunca llegó"; Arturo nunca volvió y tampoco apareció en hospitales ni fiscalías.

 

Un año después supo que su hijo fue privado de la libertad por hombres que lo interceptaron cuando regresaba de la escuela a su casa.

 

Según un testigo, los hombres se dieron cuenta que no era la persona que buscaban, pero de todas maneras lo privaron de la libertad.

 

A pocos meses de la desaparición de Arturo, Rosario se unió al Colectivo Solecito, con cuyas integrantes desenterró 51 cráneos de las fosas de Arbolillo en los últimos cuatro meses.

 

Cinco años después, María del Rosario aún espera que Arturo Manuel cruce la puerta de su casa.

 

"Es mi vida entera y le daría gracias a Dios de que él regrese", dice con la voz entrecortada.

 

Arturo Manuel Huguette Pérez cumplirá 23 años el próximo 25 de septiembre; es padre de una menor de seis años.

 

ARBOLILLO, EL CEMENTERIO DEL TERROR

El pueblo de Arbolillo, ubicado a 10 kilómetros de la cabecera municipal de Alvarado y a 30 minutos de Boca del Río, saltó a la fama en 2017 por el hallazgo de múltiples fosas clandestinas.

 

Las fosas fueron descubiertas por elementos de la Secretaría de Marina-Armada de México que cercaron el rancho Los Cosos el 31 de marzo de ese año.

 

En los siguientes dos años, la FGE – bajo la administración del exfiscal Jorge Winckler – encontró más de 200 cráneos en el cementerio clandestino.

 

La fiscalía de Winckler relegó a los colectivos de las búsquedas que se realizaban en Arbolillo, hasta que, tras su salida del órgano, tuvieron acceso a los predios.

 

Ya con la fiscalía a cargo de Verónica Hernández Giadáns, las madres de desaparecidos ingresaron a las fosas a partir de noviembre de 2019.

 

 

Sin embargo, las búsquedas se detuvieron el 16 de marzo de 2020, cuando la FGE puso en cuarentena a su personal debido a la pandemia de la covid.

 

El paro se mantuvo por ocho meses, hasta que el Colectivo Solecito retomó labores con la compañía de Servicios Periciales y la Comisión Estatal de Búsqueda.

 

Según Lucía Díaz, a la fecha, el colectivo encontró más de cinco mil restos humanos y 52 cuerpos que, acusa, la fiscalía de Winckler omitió exhumar.

 

Arbolillo se suman Úrsulo Galván y Playa Vicente como las localidades con más fosas clandestinas en el estado.

 

De acuerdo con el reporte semestral enero-junio de 2021 "Búsqueda e Identificación de Personas Desaparecidas", Úrsulo Galván fue el segundo municipio con más fosas clandestinas en el país.

 

Según la Secretaría de Gobernación (Segob), concentra 77 fosas encontradas desde diciembre de 2018, mientras que Playa Vicente tiene 66, lo que lo coloca en cuarto lugar de la lista nacional. 

 

A cada jornada, el Colectivo Solecito encuentra más cuerpos y restos humanos en los predios de Arbolillo, explorados ahora hasta la mitad, según su vocera.

 

Pese a que la zona metropolitana (VeracruzBoca del Río y Alvarado) está en semáforo rojo por el alto riesgo de contagios de covid, las madres esperan que las búsquedas continúen. 

 

Al menos para María del Rosario, esa es la única esperanza de encontrar a Arturo Manuel.