Coatzacoalcos, Ver. -  Si te acercas y pretendes saludarlo el menor no accede y se esconde detrás de su madre, en otras ocasiones responde de forma agresiva o hasta con temor, son las secuelas de Jacob, el niño que sobrevivió luego de que el 25 junio se intoxicó al comer un pan envenenado en el municipio de San Pedro Soteapan, Veracruz.

Su madre la señora Hermila Gutiérrez dice que muestra este comportamiento después de haber comido el alimento envenenado, por lo que es sometido a un tratamiento periódico otorgado por la Secretaría de Salud estatal.

 

 

La mañana del 25 de junio en la localidad de San Antonio, Hermila salió a una reunión en la escuela de sus hijos y dejó jugando en el patio de su hogar. Habían pasado 20 minutos de la junta, cuando recibió una noticia fatal.

De la escuela le avisaron que tenía una llamada, que era urgente: sus hijos Adriana y Jacob, de cinco y siete años, se habían envenenado en su casa.

A pesar de que Adriana, de cinco años, fue atendida en el Hospital de Tonalapa, murió a causa de lo ingerido, ya que los médicos nada pudieron hacer.

 

Jacob sueña con su hermanita Adriana

El viernes dos de julio Jacob fue dado de alta después de una semana de permanecer internado; al filo de las 10:30 horas arribó al aeropuerto de Cánticas junto a su madre donde era esperado por una ambulancia para ser trasladado a su domicilio, en San Pedro Soteapan.

Permaneció hospitalizado una semana, primero en el Hospital Regional de Coatzacoalcos y posteriormente el de Alta Especialidad del Puerto de Veracruz a donde fue atendido por especialistas.

Después de estar en vigilancia logró recuperarse físicamente y su madre agradece a Dios que su organismo funciona de forma normal y no hay dolor alguno tras ingerir organofosforado.

 

“No quiere comer y cuando sus hermanos le hablan los quiere golpear, a veces a mí también me quiere golpear o me grita, pero yo lo controló de forma pacífica, no lo regaño ni tampoco le pego”, expresó Hermila.

 

Además, Hermila dice que Jacob ha soñado en más de un par de ocasiones que su hermanita Adriana le habla y sonríe.

 

“Le puse agua bendita y le puse una cruz debajo de la cama y desde ese entonces dejó de soñar con su hermanita, porque decía que la veía sonreír”, cuenta la madre.

 

La psicóloga del Hospital Regional de Coatzacoalcos le ha recomendado a Hermila tener paciencia con Jacob y le ha dicho que en cuestión de meses podría recuperarse de este daño.

 

 

Hermila lucha contra el dolor por la pérdida de su hija

A dos meses de la tragedia, que conmocionó a los habitantes veracruzanos, Hermila no logra superar la muerte de su pequeña Adriana de cinco años.

Sigue reclamando a aquellos que envenenan alimentos -para matar a los animales-, pues ello le arrebató parte de su vida, un dolor insuperable para cualquier madre.

Entre lágrimas y lamentos, Hermila toma fuerzas desde su interior y emprenden un viaje de más de seis horas desde la comunidad de San Antonio para llegar a Coatzacoalcos, pues dice que no permitirá que Jacob deje el tratamiento, cuando no cuenta con el apoyo de su esposo.

 

“Yo vengo cada que me dice la psicóloga y pues ahorita me dijo que hay un poco de avance, pero está reciente, por eso yo traigo a mi hijo, aunque viaje mucho y pues gasto dinero, pero pues me dicen que debe venir y yo vengo”, manifestó.

 

Hermila alza el rostro y le pide a Dios que permita que su hijo olvide este dolor que le tocó vivir a sus siete años, algo que ella no olvidará pues perdió a la última integrante de su familia.