Lerdo de Tejada, Ver. - Más de 72 horas habían pasado desde que decenas de familias perdieron parte de su patrimonio cuando el gobierno de Veracruz anunció que no pedirían a la Federación la declaratoria de emergencia en Lerdo de Tejada y que la propia autoridad estatal atenderá a los damnificados.

Las lluvias que inundaron las viviendas fueron históricas, pero en la cabecera municipal explican que en ocasiones anteriores ya han sufrido anegamientos, aunque no tan graves.

Sin embargo, la constante tanto del Gobierno del Estado, como de las autoridades municipales, es que terminan siendo excluidos de cualquier tipo de apoyo.

Victoria Luis González recuerda los momentos de terror que vivió: “yo dije ‘de ahogarme aquí, pues mejor me voy (de mi casa)’; más que padezco de los nervios por un infarto que me pegó en el oído y ya no se me va a componer”.

La mujer es parte de los afectados en la zona centro del municipio y cuenta que algunas autoridades que han acudido para inspeccionar la zona, pero prácticamente les cortaron de tajo la posibilidad de ayuda explicándoles que se enfocarán en atender a los afectados de las localidades “porque hay otras colonias afectadas”.

En entrevistas por separado, ocho familias rememoran los momentos de angustia que pasaron cuando, al despertar el sábado en la madrugada, todas sus cosas flotaban entre el agua de lluvia. Ahí todavía no ha llegado la ayuda prometida.

LA PEOR INUNDACIÓN EN UNA DÉCADA

Víctor Azamar Gallegos vive en la calle Independencia de la colonia Centro en Lerdo. Está de pie junto a un delgado tronco de un árbol. Al fondo se ven los tendederos donde intentan secar sus pertenencias, ropa, sobre todo, que se mojaron en la inundación, la más grande en 10 años.

El hombre responde sin titubear que no hay ayuda para quienes habitan ese sector, a pesar de que es común que en las calles siempre se presenten encharcamientos severos.

“Por aquí casi no pasan es muy raro que por aquí lleguen apoyos y pues ya tiene su rato que todo el tiempo llueve y se pone así. El apoyo para esta calle es muy raro que venga, porque según aquí no se necesita porque es el centro", narra.

 

Víctor cuenta que cada vez que hay lluvias de consideración, siempre se da apoyo a otros sectores y las autoridades dan por sentado que el Centro no los necesita, a pesar de las condiciones de las vialidades.

“Con la lluvia que cayó -el fin de semana- se mojaron la alacena, el closet y unos colchones y lo demás que había. Seguimos limpiando para sacar todo lo que no sirve”.

Pese a las malas condiciones de la infraestructura urbana del lugar que habitan, nunca en diez años había ocurrido un hecho con las magnitudes actuales, que afectaron a al menos 7 mil viviendas de acuerdo con las estimaciones de las propias autoridades estatales.

 

No, es la primera vez que estuvo duro, que se nos metió el agua. En la calle sí se pone muy feo y nos llega hasta el corredor, pero esta vez se nos metió el agua en los cuartos”.

El terreno donde habita es compartido por un total de tres familias, la suya incluida, que lo mismo perdieron colchones, refrigeradores, estufas e incluso animales de corral que crían como alimentos y para comercio.

“Algunas cosas incluso se nos perdieron y se fueron algunos animales, incluso un cerdo del chiquero.

“Nos agarró de sorpresa a todo el pueblo. Cuando desperté el agua ya estaba en las casas y lo que se pudo alzar se alzó, pero ya, no pensé que se fuera a meter y sí fue así, estuvo duro”, lamenta.

 

QUISO HUIR DE SU CASA

 A unos metros de ahí vive Victoria Luis González, una mujer de edad avanzada que vive sola con su hija y a quien la impresión del fenómeno climático orilló a empeorar su padecimiento de los nervios, producto de un infarto y que le afecta directamente en el sentido auditivo, limitado actualmente pues solo escucha con un oído.

“Cuando mi hija se levantó el agua ya estaba y luego entró por acá y nomás estábamos nosotras dos y como pudimos alzamos las cosas ya luego vino un vecino y nos ayudó con los refrigeradores.

 

“Sí nos espantó bastante porque nunca había pasado esto”, recuerda la mujer que no lo pensó mucho y estuvo a punto de abandonar su casa.

Victoria coincide con Víctor, su vecino, en que sí hay encharcamientos serios en el centro porque ha habido otras inundaciones: “pero, así como esta no”.

La peor parte dice, es que jamás se ha volteado a ver al centro del municipio por lo que espera que esta sea una lección para las autoridades, dadas las decenas de familias afectadas.

Otro de los afectados por las 24 horas de lluvia que representan una cuarta parte de todo lo que llueve en el año en esa región, es Manuel Aguirre Rojas, quien trabaja en un taller del lugar.

A él como a todos quienes habitan el municipio, el agua los tomó desprevenidos, pues, aunque vieron la magnitud de las precipitaciones “nadie se esperaba que el agua fuera a crecer”.

En su sitio de trabajo se echaron a perder algunas herramientas, zapatos, ropa y electrodomésticos.

“Se inundó en 2010 y estuvo feo, de ahí para acá ha crecido, pero esta es la primera vez que se inunda como esta ocasión, es la primera vez que veo algo fuerte, ha llovido, pero no como ese día”, dice aún incrédulo.

Respecto a los apoyos, cuenta que ha escuchado acerca de estos, pero no tiene claridad sobre cómo acceder a ellos, quién los da, qué debe hacer para tener la posibilidad y demás.

 

“GOBIERNO NO NOS OYE”

En otras calles de la zona viven Salvador Martínez Domínguez, un obrero; Luis Felipe Gutiérrez Pascual, un estudiante de 13 años que comparte casa con su abuela Fabiola Ramírez; también vive Antonia, una jubilada con un hijo epiléptico.

Todos coinciden que el gobierno local “ni los ve ni los oye”.

“No han venido a preguntar ni qué se nos ha mojado, qué realmente necesitamos porque fuimos afectados. No estamos inventando eso”, dice molesta Antonia, una mujer que tiene un hijo enfermo de epilepsia.

“Hace diez años nos entró agua y ahora fue el doble no es posible que nadie haya venido” narra al señalar que producto de las inundaciones perdió sus muebles, su televisor, la lavadora y su colchón.

Lo único que entre ella y su marido pudieron rescatar fue el refrigerador, que pusieron encima de algunos ladrillos.

Los vecinos pasaron más de 24 horas sin que autoridad alguna tomara conocimiento de la situación en la que quedaron tras las lluvias, que arrastró hasta pescados dentro de sus casas y dejó fétidos olores en las habitaciones.

“Queremos que nos apoyen en las pérdidas”, suplica la mujer quien ve pasar las horas sin que alguien los auxilie, pues les siguen poniendo de pretexto que hay otras colonias más afectadas.

“En esta situación estamos, que no nos toman en cuenta, yo no había pasado esto porque yo estaba desprevenido ya cuando entré el agua estaba arriba, se mojó el colchón, casi todo, una tele viejita que ya boté, varios vecinos en esta calle están afectados”, cuenta afuera de su casa Salvador Martínez.

El hombre, un obrero, no siente preocupación solo por él sino también por sus vecinos, especialmente por Luis Felipe, un estudiante de tercer grado de secundaria que vive con su madre, abuela y su hermana.

Fracturado de la pierna izquierda, aguarda a las afueras de su casa y con un poco de sol después de varios días de lluvia a que se puedan secar algunas cosas no solo de la escuela sino de las que su abuelita recolecta para vender.

“Se nos metió mucho el agua, mi colchón estuvo a punto de mojarse y como yo me fracturé mi mamá tuvo que subir los dos colchones que tenemos ella sola porque somos cuatro con mis tres perros” dice el niño sentado en una silla que le colocaron a media banqueta.

Junto a su hermana cuida algunos objetos que espera que se puedan secar pronto porque son parte de la fuente de ingresos de su madre y abuela.

“Le llamamos a Protección Civil, pero no quisieron venir, dijeron que iban a venir y no han venido. Mi papá es paletero y mi mamá no puede trabajar con esto”, cuenta Luis Felipe.

“Se sacó todo para que se secara porque no tenemos dinero. Tal vez hoy vendamos si se seca”.

El estudiante dice que la pierna fracturada no le ayuda en nada a su familia, pues su abuela debe permanecer con él y su hermana porque de quedarse solo con ella “no la puedo defender así”.

Mientras cuenta que durante tres noches han permanecido en vela entre las lluvias y la preocupación de que ocurra otra tragedia, se acerca su abuela.

“Aquí pasaba el río, esto era un río. ¿Cómo puede ser posible que no vinieron a ver?, tenía que estar aquí Protección Civil” cuestiona y reclama la mujer.

“Mire mi chamaquito como está del pie, ¿cómo lo cargo?, a mí me dio un ataque el sábado a las 530 cuando vi que ya no dejaba de subir el agua y pensé ‘¿ahora como saco a mis hijos?’”, recuerda y se lamenta.

En su desesperación y confiando en la autoridad, narra que habló al 911 y le colgaron. Volvió a marcar y en esa segunda vez dijo a la operadora que necesitaba ayuda porque tenía que sacar a su hijo. “Nunca llegaron”.

“Como pudimos entre las dos, con mi hija, -nos pusimos a- alzar camas, colchones. No se vale que nos nieguen la ayuda, el municipio nunca nos auxilia”, cuenta la trabajadora doméstica.

Fabiola, también pepenadora, está preocupada porque parte del material que logró recolectar durante semanas para vender y llevar comida a casa se mojó.

De todo lo que tiene secando al sol estima que casi la mitad ya no servirá para vender.

“Que nos apoyen, que se vea que tenemos autoridad, que tenemos quien nos respalda, nos sentimos solos, sin nadie que respalde este pueblo”, reprocha.

Al fondo ya está de pie con ayuda de sus muletas su nieto Luis Felipe. El niño solo quiere algo para él y su familia tras este hecho trágico: “por favor que nos cambien de casa”.