El cártel que lo deslumbró con la promesa de dinero y poder, que a la edad de 12 años ya le pagaba 30 mil pesos por cada "encargo" como asesino a sueldo y que le "garantizó" protección, finalmente terminó por traicionarlo e intentar matarlo.

 

Después de la historia Mariana, la niña sicaria del cártel del Noroeste que dio su testimonio a la organización Reinserta, esta es la historia de Moisés, quien ya busca rehabilitarse y continuar con sus estudios.

 

Entre las propuestas de Reinserta para atacar el fenómeno de captación de menores por parte de los cárteles del narco, están un proyecto de asignación de presupuesto que permita crear partidas suficientes para cubrir programas y políticas dirigidas a la protección de derechos de infantes y adolescentes en riesgo de entrar en conflicto con la ley penal.

 

Además de incluir en el Sistema Nacional de Niñas, Niños y Adolescentes una base de datos de quienes hayan sido reclutados por la delincuencia organizada y un programa de salud mental con detección temprana de padecimientos y atención dirigida a instituciones académicas.

 

LA HISTORIA DE MOISÉS

Moisés nació en Tonalá, Jalisco, quería ser rapero, echar rimas "perronas", tener su propio estudio de grabación y dedicarse a la música, pero terminó por ser reclutado como uno más de los menores de edad desechables del narco.

 

Pese a su lealtad, el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) le puso una trampa de la que logró sobrevivir aun cuando recibió balazos en la cabeza, espalda y abdomen, sólo para despertar esposado en la cama de un hospital, detenido por la policía, y con la amenaza de muerte que todavía pende sobre él.

 

Hoy tiene 17 años y debe cumplir cuatro años en internamiento en un centro especializado de justicia para menores en conflicto con la ley por homicidio y lesiones; busca olvidar su pasado y está en rehabilitación, por lo pronto continúa sus estudios.

 

Su crudo testimonio de vida fue recabado por Reinserta, y está registrado en el estudio Niñas, Niños y Adolescentes Reclutados por la Delincuencia Organizada, que la organización elaboró como parte de sus esfuerzos por "visibilizar" este fenómeno que va en ascenso en México y dar nuevas oportunidades a los menores de edad que son víctimas de los grupos criminales.

 

A Moisés quisieron "silenciarlo" para no dejar cabos sueltos en un asesinato de alto perfil que le ordenaron que cometiera frente a muchos testigos, en un lugar público, para enviar el mensaje de que "nadie traiciona" al CJNG.

 

El cártel lo reclutó al igual que a otros menores de edad, con promesas de "dinero fácil" y poder; cuando tenía 12 años ya le habían encomendado dos homicidios por los que ganó 60 mil pesos, a los cuales siguieron muchos más.

 

Sin embargo, aún no pertenecía formalmente al grupo, eso ocurrió de lleno hasta que tuvo 16 años.

 

"Así funcionan las cosas, ellos van calando a los chavos que andan en las calles y necesitan dinero, hay muchos que no tienen ni siquiera para comer y quieren salir de la pobreza, lo más fácil es meterse a un cártel para ganar dinero fácil, robando, secuestrando, matando o vendiendo vicio", dice.

 

LA INVITACIÓN

A los 12 años un vecino que era miembro del CJNG le preguntó en Tonalá si quería ganar dinero. "Le dije que sí, ¿quién no iba a querer ganar dinero? "Bueno tienes que matar a alguien".

 

Moisés no olvida ese momento: "Me imaginaba perteneciendo a un cártel y consumiendo droga, de donde vengo eso es común, hay mucha droga y mucha delincuencia, por eso no me espanté".

 

Al principio no quería matar a nadie, pero 30 mil pesos lo convencieron. "Todo cambió después de que me cargué al primer muertito, no me sentía igual, estaba intranquilo y pensaba mucho en la persona a la que maté, pero apenas habían pasado 15 días y acepté el mismo trato...después iba, mataba y listo, cobraba mi dinero, me convertí a los 12 años en un asesino a sueldo".

 

Comenta que creció en una familia con apuros económicos y en la que fue maltratado; su padre se dedicaba al trabajo con acrílico y su madre era guardia de seguridad. Nunca le gustó ir a la escuela, era un niño muy impulsivo y le pegaba a sus compañeros.

 

SUEÑOS ROTOS

A los diez años dejó el colegio; recuerda que su mamá "lo castigaba mucho", un día prendió la estufa y le quemó las manos; sus padres se separaron y se volvieron a juntar.

 

Pasó con ellos un año en Chimalhuacán, Estado de México, donde tuvo su primer contacto con delincuentes y gente que consumía droga, pero regresó a Tonalá, bajo el cuidado de su hermano, cantante de rap, a quien admiraba y le encantaba ver rapear en conciertos. "Él me permitió soltar unas rimas, fue uno de los días más felices, empecé a escribir y rapear".

 

El sueño de dedicarse a la música duró poco, acabó con esa primera invitación para asesinar en Tonalá.

 

A los 15 años se fue nuevamente al Estado de México, trabajó con su papá en un taller de acrílico y entabló amistar con un hombre que manejaba un equipo de fútbol amateur.

 

Moisés cumplió 16 años; supo que esta persona pertenecía al CJNG. "¿Quieres tener poder? Yo te lo puedo dar", le dijo el entrenador, quien le comentó que su vida cambiaría: "Serás frío con las mujeres, ya no vas a tener sentimientos", advirtió.

 

El adolescente aceptó porque entonces había nacido su hija, la que procreó con su novia que era mayor de edad, el dinero simplemente no alcanzaba.

 

Ingresó al CJNG; cometió asesinatos, "levantones", secuestros; no tuvo entrenamiento riguroso, le enseñaron como secuestrar y huir, armar y desarmar.

 

Empezó a rezarle a la Santa Muerte y asistía a misas grupales. "Fui halconero (vigía), chofer del patrón, narcomenudista, secuestrador, sicario y torturador".

 

Conoció de los nexos de policías y militares con el cártel, pero había reglas que debía cumplir porque de esto dependía su vida: debía reportarse con su comandante cada cinco minutos, pues de lo contrario éste le decía que le costaba 200 pesos por cada vez que no lo hiciera; prohibido tomarse fotos con armas o chalecos con las siglas CJNG y sobre todo subirlas a redes sociales.

 

LA TRAICIÓN

Siempre fue fiel a su comandante hasta que le ordenó asesinar a un hombre que era un objetivo muy importante para el cártel.

 

"Él les jugó chueco, porque a la par que hacía negocios con nosotros, lo hacía para otro grupo de la delincuencia organizada. Yo le entré a matarlo porque me ofrecieron mucho dinero, pero el trabajo era diferente, se tenía que hacer en un lugar público y debíamos tomar fotos del hecho".

 

Consumado el asesinato, sus jefes le dijeron que debía esconderse hasta que las cosas se enfriaran porque había muchos testigos y las autoridades lo buscaban. Se refugió un mes en la casa de sus padres, junto a su esposa e hija. "Estaba en riesgo mi identidad y la del cártel".

 

Un día lo mandaron llamar con el pretexto de que lo iban a esconder en otro estado, pero era una celada. "Cuando llegué al punto de reunión comenzaron a dispararme, quedé tendido en el suelo y me dieron por muerto".

 

Fue detenido y cumple cuatro años de internamiento por homicidio y lesiones. "Temo por mi vida, sé que van a intentar matarme de nuevo, mi única opción es desaparecer, irme a otro estado u otro país, no sé, pero puedo quedarme, eso es la muerte, soy un objetivo a eliminar, una piedra en el zapato para uno de los cárteles más poderosos y tengo miedo".