“Aquí albergamos a los que nadie quiere, a los que nadie puede cuidar”, dice Nicolasa Ruíz Saavedra, directora de la Casa de Asistencia “Doña Nico”, un lugar que atiende a unas 100 personas: adultos mayores, niños y jóvenes con enfermedades mentales como esquizofrenia y Alzheimer.

La Casa de Asistencia “Doña Nico” se ubica en la colonia Villa Rica del municipio de Boca del Río y es el único lugar en la zona conurbada que brinda hogar a personas en situación de calle que no pueden estar en otros albergues debido a las enfermedades mentales que sufren.

En Veracruz solo existen dos hospitales psiquiátricos en funciones: el Instituto Veracruzano de Salud Mental doctor Rafael Velasco Fernández de Xalapa y el doctor Víctor Manuel Concha Vázquez, en Orizaba.

 

 

“Cada día hay más personas en el abandono, cada vez hay más personas en las calles con estos problemas”, dice Nicolasa, una mujer de 65 años de edad que se apoya de un bastón al caminar. De porte serio, pero amable al entablar una conversación.

La casa Doña Nico resalta desde su entrada, un portón amarillo. A lo largo de un pasillo en tono rosa, guindan de las paredes fotografías de huéspedes que han encontrado refugio en los últimos 35 años. Al fondo de la casa hay voluntarios guisando en la cocina.

 

 

“Tengo a jovencitos que llegaron de niños, porque no los quiso nadie, pues nadie quiere adoptar a un niño con retraso mental y aquí han crecido”, dice con su tono pausado.

 

Pero el asilo de Nicolasa también ha dado apoyo a mujeres embarazadas con epilepsia o esquizofrenia, que provienen de otros municipios e incluso estados, como Jalisco o Xalapa; ninguna de ellas fue recibida por instituciones públicas y prefirieron canalizarlas con Nico.

Entre sus cuartos también han estado diferentes personas que, en sus mejores años fueron atletas olímpicos, luchadores, maestros de salsa y hasta de otras nacionalidades, ellos han llegado a vivir y también a morir por estragos de la edad.

Muchos de ellos llegan con heridas de gravedad, con llagas en el cuerpo, por accidentes o por vivir en las calles y con desnutrición. La gran mayoría son diabéticos, por lo que los cuidados deben de ser más extremos.

 

 

La muerte en este lugar es muy cotidiana, aunque ya se acostumbraron a ver partir a muchos huéspedes, Nicolasa asegura que el dolor siempre es el mismo, al igual que la necesidad.

Este martes 19 de agosto murió uno adulto mayor, apodado el "Frijol", quien llegó en enero de este año; un tabasqueño que hizo vida en el puerto de Veracruz y que fue maestro de baile. Murió a la edad de 79 años, la vejez y soledad lo llevaron a tocar el portón amarillo con el número 19.

 

 

El albergue se sostiene de la caridad, como de donaciones que hacen personas en comida y ropa; algunas de esas prendas después son revendidas voluntarios venden en un bazar.

Para economizar los recursos en este lugar cocinan en leña. Diariamente en el albergue se consumen de siete a ocho kilos de frijoles, 15 de azúcar, 10 de arroz y 40 de tortilla.

Nicolasa no escatima en ayudas, también brinda comida y hospedaje a personas que vienen de paso, migrantes guatemaltecos, cubanos, salvadoreños y desde hace tres semanas, haitianos que pasan por una noche o a llenarse el estómago.

 

 

Aunque el albergue cuenta con un espacio especial para separar a las personas que sufren algún trastorno mental, Nico asegura que el área es insuficiente, pues cada día llegan más.

 

Cuidar de enfermos mentales con pocos recursos

Cuidar a una persona que sufre de alguna enfermedad mental no es fácil, Nicolasa lo sabe, pues ha dedicado su vida a brindar ayuda. Desde que tenía ocho años en su natal Puente Jula, Veracruz ya planteaba dedicarse a lo que hoy hace.

 

 

 

“El primero que recogí fue un niño llamado Lucio y era enfermito de sus facultades mentales, padecía esquizofrenia. Hoy puedo decir que se llama esquizofrenia, antes pues no sabía yo, todo el mundo les decía loquitos”, dice Nicolasa.

 

Ahora, con un caminar lento y múltiples achaques por la edad y por la diabetes que padece desde hace 25 y que le causó ceguera temporal, permanece en esta labor.

En lo que las posibilidades económicas se lo permiten y con ayuda de algunos estudiantes que van a hacer su servicio, brindan atención médica y psicológica.

Debido a las complicaciones que implica cuidar de una persona con enfermedad mental, muchos de sus colaboradores no soportan las crisis de los pacientes y se retiran.

 

“Hay crisis tanto conductuales como físicas. La vez que a ella (Nicolasa) la golpeó una enfermita y le tiro un diente, algunos son violentos”, habla Mario Escalante Ruíz, uno de los colaboradores de la casa.

 

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que en México el 17 por ciento de las personas presentan al menos un trastorno mental y una de cada cuatro lo padecerán alguna vez en su vida y de las personas afectadas solo una de cada cinco recibe algún tratamiento.

La OMS indica que existen grupos más vulnerables en padecer alguna enfermedad mental, entre los que se destacan las personas que viven en ambiente familiares violentos, adultos en plenitud o migrantes.

Otro de los problemas que indica el documento es que en México en el año 2018 se destinaba solo 2 por ciento, cuando lo recomendado por la OMS era de entre 5 y 10 por ciento.

El Centro de investigación Económica y Presupuestaria en su investigación “Presupuesto para la salud mental: Relevancia ante la Covid-19, indica que, para 2021, el monto propuesto para salud mental asciende a 3 mil 031 millones de pesos, lo que significa un recorte de 9.6 por ciento, respecto al ejercido en 2013.

De esta cantidad 3.4 por ciento de este presupuesto se relaciona con acciones de telemedicina. En la Secretaría de Salud (SSa), 1.7 por ciento de las clínicas y hospitales cuentan con herramientas de telemedicina, o prestación de servicios médicos a distancia.

Esta disminución en el presupuesto podría limitar las acciones comunitarias en lo que respecta a la salud mental, señala el documento.

La falta de instituciones para atender a las personas con alguna enfermedad mental hace que se creen casas de asistencia como las de Doña Nico, que pese a los pocos recursos y las limitaciones atienden a esta población vulnerable.