Ya se sabe que si algo une y caracteriza a los mexicanos es la comida, y es que como evitarlo si la gastronomía de México es una de las más reconocidas a nivel mundial, no solo por su arte culinario. Actualmente, gracias a las redes sociales la comida gigante, 'grosera’ o incluso ‘grotesca’ es un sello del país y Netflix lo sabe, es por eso que una de sus más recientes series se encarga de documentarlo.

En La Divina Gula, Netflix hace un recorrido por todo México, en busca de la comida, botanas, postres y bebidas más peculiares, gigantes, ‘groseras’ y ‘grotescas’, pues como dice la serie-documental, “para los mexicanos entre más y más grande mejor”.

Como era de esperarse, Veracruz no podía quedar fuera. Georgina Carrasco y Stephany Portilla son dos veracruzanas que con su ingenio y dulces creaciones conquistaron el ojo y el estómago de muchas personas.

 

La Dulzura

Georgina es originaria del puerto de Veracruz y junto con su mamá, siempre buscó la forma progresar “vendiendo de todo”. En la serie, la joven dueña de La Dulzura, cuenta que su pan favorito es el pan de muerto, postre que ahora caracteriza su negocio.

 

 

La Dulzura, como su nombre lo indica, vende postres y fue tan exitosa que Georgina se mudó a la Ciudad de México, donde abrió su tienda y convirtió el pan de muerto en el ícono de su negocio.

 

“En La Dulzura tenemos pan de muerto todo el año y lo vendemos como amor muerto.”

 

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

 

El amor muerto no es otra cosa más que un pan de muerto de la casa, relleno de betún de queso crema endulzado, nutella, chocolates y bañado en tres leches. Toda una delicia azucarada.

 

 

 

Concha Madre

En el sur del estado de Veracruz, en el municipio de Minatitlán vive Stephany, creadora de la Concha Madre o el nuevo pastel de los mexicanos.

 

 

Stephany vende conchas rellenas, pero no las convencionales rellenas de frijol o nata, ella les puso “su toque”. Las conchas madres van rellenas de chocolates, betún, frutas, dulces y hasta un poco de brillo, para que sean aún más únicas.

 

 

Pero la mera, mera concha madre que caracteriza el negocio de Stephany es una “concha en esteroides”.

 

“La mega concha tiene una circunferencia de 20 centímetros y son dos niveles de concha prácticamente y la ofrezco como el nuevo pastel mexicano”, menciona Stephany.

 

 

Así que por si no había quedado claro, en México la comida y los antojos no tienen límites.