El asesinato de la reportera Regina Martínez cumplía cinco días cuando la prensa de Veracruz fue sacudida con una nueva noticia: tres periodistas y una vendedora de publicidad estaban desaparecidos en el puerto jarocho. Era el 2 de mayo de 2012 y la muerte estaba obsesionada con los trabajadores que a diario escribían de ella.

Alrededor de las dos de la tarde, cuatro familias notaron la ausencia de los suyos: Gabriel Huge Córdova, exreportero de Notiver; su sobrino, Guillermo Luna Varela, fotógrafo de Veracruz News; Esteban Rodríguez, reportero del extinto Diario AZ; e Irasema Becerra, quien vendía publicidad para el periódico El Dictamen. Sus teléfonos dejaron de ser contestados y había razones de sobra para alarmarse.

 

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En 2012, el puerto de Veracruz y su zona conurbada albergaba una disputa sanguinaria entre dos grupos de la delincuencia organizada que apilaba expedientes de personas desaparecidas y cadáveres despedazados en los Servicios Médicos Forenses (Semefos).

Era una guerra declarada entre el Cartel de Jalisco Nueva Generación (entonces autodenominados Mata Zetas) y Los Zetas que, tan solo el 20 de septiembre de 2011, registró el hallazgo de 35 cadáveres que fueron esparcidos sobre el bulevar Adolfo Ruiz Cortines, en Boca Del Río.

Este hecho no fue cubierto por Gabriel Huge y Guillermo Luna porque ya habían huido por presuntas amenazas de muerte. Ambos trabajaron durante meses para una empresa de seguridad privada, lejos del puerto, hasta que decidieron volver, pensando, quizá, que la marea de violencia había disminuido.

“Mi mamá les dijo que no regresaran”, recuerda Isabel Luna, hermana y sobrina de Guillermo y Gabriel quien después de años de silencio saldrá a pedir justicia este 3 de mayo, cuando la masacre cumpla una década. “Si no presionamos van a seguir matando periodistas”, dice en entrevista.

 

Un accidente en el puerto, la última cobertura de Guillermo Luna

A Isabel Luna, compañeros de Guillermo le contaron que el día de que fue privado de su libertad fue visto cubriendo un accidente sobre la calle Juan Enríquez, en el puerto de Veracruz. “Dijo que iría a un mandado; pensaron que iba a cobrar lo de su semana”, relata.

Isabel se limita a referir que, tras investigaciones que ha hecho por su cuenta –y no de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión- su hermano y los demás pudieron ser plagiados en un edificio de la zona centro del puerto.

Las horas pasaron ese 2 de mayo y no hubo denuncia porque ya era tarde, no obstante, el periódico Notiver publicó a ocho columnas la desaparición de los cuatro. Al día siguiente, un comandante de la extinta Agencia Veracruzana de Investigaciones (AVI) se ofreció a acompañar a Isabel Luna a interponer la denuncia, ella temerosa aceptó, pero camino al ministerio público fue requerida en el Semefo de Boca del Río.

Cuatro cadáveres desmembrados habían sido localizados, al interior de bolsas de plástico, en el canal de aguas negras La Zamorana, en el fraccionamiento Las Vegas 2 de Boca del Río. “Fue difícil verlos, pero identifiqué a Guillermo y Gabriel; y también le dije a las autoridades que reconocí a Esteban y a Irasema”, dice.

 

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A Esteban Rodríguez, Isabel lo conocía como a otros compañeros de sus familiares que cubrían la fuente policiaca. Él tenía seis meses que no trabajaba en medios, fue fotógrafo de guardia nocturna del Diario AZ Veracruz y camarógrafo en el mismo turno de TV Azteca. Él, al igual que Guillermo y Gabriel, huyó varios meses del puerto por amenazas.

A Irasema Becerra, Isabel la veía casi a diario, en las oficias de El Dictamen, donde trabajaban ofreciendo publicidad para ese periódico.

 

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La madre de Isabel y de Guillermo Luna pidió alejarse de todo, incluido de las exigencias de justicia. La masacre fue sellada por el gobierno de Veracruz con las detenciones de dos presuntos integrantes del Cartel de Jalisco, en agosto de 2012: Isaías Flores Pineda alias, “El Cronos”, y Juan Carlos Hernández Pulido, alias “La Bertha”.

A uno de los detenidos, le informaron autoridades a Isabel, le encontraron la foto de Irasema. Ambos fueron imputados por delitos del fuero federal, sin embargo, hasta la fecha no han sido procesados por los asesinatos de los 3 comunicadores y de la agente de ventas.

 

“Nunca nos llamaron de la Fiscalía para darnos informes. Yo a la fecha no sé si realmente ellos mataron a mis familiares. Ante la desconfianza pedimos que el caso lo atrajera la federación, donde, por cierto, todo sigue igual”, lamenta Isabel. 

 

Ante ese reclamo, Israel Hernández Sosa, secretario ejecutivo de la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas (CEAPP), mencionó que es momento de que las autoridades –estatales y federales– realicen una recapitulación seria de los crímenes contra periodistas cometidos en Veracruz donde las víctimas indirectas tengan acceso a las carpetas de investigación y asesoría del organismo autónomo que representa.  

Isabel Luna recuerda que Gabriel Huge tenía un proyecto antes de que las amenazas comenzaran, fundar un periódico llamado El Regional de Veracruz. En ese medio colaborarían su sobrino Guillermo e Irasema, quien le ofreció vender publicidad con alcaldes de la zona.

Gabriel, apodado “El Mariachi” por su clave asignada en el radio con su grupo de policiacos, era reconocido por sus numerosas fuentes.  Él y sus compañeros solían llegar a choques, incendios, detenciones y crímenes primero todos, incluidas las autoridades.

La masacre de los cuatro integra una lista de ocho asesinados en nueve meses ligados a periodistas que cubrían la nota roja en la zona conurbada.

El 20 de junio de 2011, el columnista de Notiver, Miguel Ángel López Velasco, su esposa Agustina Solana y su hijo Misael López fueron asesinados en su vivienda. La madrugada del 26 de julio de 2011, el cadáver decapitado de la reportera Yolanda Ordaz de la Cruz fue encontrado ente a las instalaciones del periódico Imagen del Golfo y de la estación de radio MVS en Veracruz, en el municipio de Boca del Río.

 

 

 

FP