• Fotografías: Yahir Ceballos.

Minatitlán, Ver.- El termómetro marcó los 28 grados en Minatitlán y en el rostro de los familiares de Yesenia Mollinedo Falconi se notaba el cansancio.

Las extenuantes temperaturas y el ambiente hostil al que se enfrentan los medios de comunicación al sur de Veracruz, provocaron que el velorio de la periodista se ensombreciera y mantuviera desolado.  

Se cuentan dos días desde que Yesenia fue asesinada junto a Sheila Johana García Olivera, camarógrafa del medio digital El Veraz, y llegó la hora del sepelio.

Alrededor de las 10:45 horas de este miércoles 11 de mayo, familiares y compañeros de las reporteras caminaron detrás de una camioneta que llevaba el cuerpo de Yesenia en el panteón Hidalgo para despedirse de ellas entre llantos y desencajo.

El asesinato de las periodistas fue publicado y comentado a nivel internacional, pero al panteón municipal solamente llegaron unas 20 personas, la mitad de ellos reporteros.

El temor provocado por la delincuencia organizada en la zona de Minatitlán y Cosoleacaque impidió que Yesenia y Johana fueran despedidas por algunos de sus familiares, pues “temen ser atacados”.

Esto no le importó a la madre de Yesenia. Su hija menor fue asesinada un día antes de que festejaran el Día de las Madres y días después de que le confesara su miedo a ser atacada por la delincuencia.

La mujer caminó del brazo de sus hijos hasta la fosa de tres metros construida especialmente para guardar los restos de Yesenia.

 

 

La premura de los hechos la obligó a pasar en vela estos días frente al féretro de su hija y su salud se encuentra desgastada.

Hoy, frente a sus hijos y nietos, pidió apoyo para tocar la caja de madera en la que reposan los restos de Yesenia.

Al hacerlo no pudo contenerse y gritó: “Me dejaste muy sola, hija. Te amo. Que la luz de dios brille en ti. Adiós madre mía. Mi bebé”.

 

Luego de esto, reinó el silencio.

El llanto desconsolado de la madre abrazó el lugar y por un momento, la mujer se deshizo en brazos de su hijo, el reportero Ramiro Mollinedo.

En ese momento olvidó que, desde que asesinaron a Yesenia y Johana, sujetos desconocidos a bordo de motocicletas asechan su casa y reciben llamadas de números desconocidos.

Esta situación los aturde. El miedo es contaste y temen por su vida.

Ramiro Mollinedo  dijo que a pesar de esto continuará con su labor informativa.

Yesenia y Johana se convirtieron en las muertes 10 y 11 a nivel nacional, de periodistas asesinadas, según datos oficiales. De esas 11, tres se registraron en Veracruz.

Si bien, la familia de Yesenia es abierta al contestar sobre su asesinato, la de Sheila Johana prefiere privacidad.

Minutos después y alejada de la de Yesenia, a pesar de que mantenían una relación pública, llegó el cuerpo de la camarógrafa.

 

 

A Yesenia la acompañaron tres de las personas más importantes para ella: sus hijos de seis, 11 y 15 años.

 

Abrazados de sus familiares, le dieron el último adiós a su madre.

Desde que Johana trabajaba en El Veraz, la relación con ellos floreció y disfrutaban el ir al cine juntos.

Johana encontró en el periodismo un escape del alcoholismo, pero tras casi seis meses de iniciar, su sueño se frustró.

 

 

Al igual que Yesenia, el sepelio no duró más de media hora. Su familia se mantuvo hermética y no declaró.

A las afueras del panteón la vida sigue. Los puestos de flores y comida invitan a comprar. Para ellos resulta un escenario habitual, aunque para los Mollinedo y García se trate de un tormentoso inicio de semana.

El gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, junto con la fiscal general del estado, Verónica Hernández Giadáns, dijeron que el asesinato de las dos periodistas no quedaría impune.

La Fiscalía anunció que se trabaja en cuatro líneas de investigación, dos de ellos sugeridos por los primeros indicios en el lugar de los hechos, los indagados por la propia institución y otro más por su actividad periodística.

 

 

 

FP