La salud mundial pende de un hilo y no a causa de la pandemia. Factores como el estilo de vida, la alimentación o la contaminación pueden afectar gravemente a nuestra salud. Sin embargo, existen algunas actividades que podemos realizar en casa o en particular para mejorar la calidad del aire doméstico o controlar nuestro peso. Gestos que, pese a su aparente trivialidad, contribuirán beneficiosamente a nuestra solicitada salud.

Nuestra salud, bajo amenaza

Cuidar de nuestra salud es primordial no sólo para alargar nuestra esperanza de vida, si no también para servir de ejemplo saludable para las generaciones venideras. Sobre todo, dado que factores como la alimentación o la contaminación son un problema sanitario global. En relación al medioambiente, ya la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado la contaminación del aire como causa de la muerte prematura de al menos 4,2 millones de individuos cada año. Desafortunadamente, el frente contra la polución del planeta no está al alcance de todos, más allá de los pequeños gestos domésticos que contribuyen a su combate. Pero sí lo está la propia salud.

En ese sentido, la obesidad y el sobrepeso siguen bajo alerta de la OMS, estimando que la primera se ha triplicado alrededor del mundo desde 1975, superando los más de 1900 millones de mayores de 18 años con sobrepeso en 2016. Además, al conjunto de los daños controlables contra la salud se añade la contaminación del aire doméstico. Un problema sobre el que, a pesar de que pueda combatirse en cierto modo mediante purificadores de aire como los que pueden encontrarse en tiendas como avera.mx, se relaciona con más del 50% de las defunciones por neumonía en menores de 5 años. Sin duda, problemas que podemos controlar, aunque haga falta conciencia para ello.

Procura hacer ejercicio y controlar tu peso ideal

Por lo general, tendemos a confundir nuestro peso adecuado con el ideal del cuerpo al que aspiramos. Sin embargo, nuestro peso ideal debe enmarcarse en un Índice de Masa Corporal (IMC) de entre 18’5 y 24’9, siendo éstos resultado de la división entre nuestro peso en quilogramos por la estatura en metros al cuadrado. En caso de que los superemos, podríamos padecer de sobrepeso u obesidad, del mismo modo que en caso contrario rayaríamos la anorexia y la desnutrición. Sin embargo, no sólo es útil hacer ejercicio para controlar nuestro peso. Ya que la alimentación cumple un papel vital en la correcta regulación de nuestro organismo.

Por ello, la OMS recomienda limitar los azúcares y las grasas —cuya elevada cuantía es en gran parte culpa de la industria alimentaria—, así como incrementar el consumo de frutas y verduras, pero también legumbres, cereales integrales y frutos secos. Tras el control de nuestra alimentación, el ejercicio siempre es una actividad muy beneficiosa para nuestro organismo. Razón por la que la OMS anima a realizar actividades físicas periódicas sea cual sea nuestra edad. Aunque, concretamente, recomiende a jóvenes 60 minutos diarios de ejercicio y 150 semanales para adultos. Si nos organizamos bien, acciones ligeras que causarán un positivo impacto en nuestra salud.

Evita los malos hábitos

Aunque, en la mayoría de los casos, relacionemos la familia de los malos hábitos a un excesivo consumo de alcohol y tabaco, la realidad es que los factores que implican costumbres que pueden dañar nuestra salud son muchos y muy diversos. Entre otros, no desayunar puede causar enfermedades graves donde se incluyen la diabetes e incluso las convulsiones, del mismo modo que, por otra parte, la privación del sueño frustra nuestro metabolismo afectando a nuestra renovación celular. Asimismo, otros ingredientes emocionales pueden dañar nuestra salud a causa de sus consecuencias. Por ejemplo, el sedentarismo relacionado con la ansiedad, el estrés y la depresión.

Sin embargo, retomando los malos hábitos más sobrerrepresentados, la realidad es que sus efectos sobre la salud de la humanidad son de los más atroces. Así, la OMS calcula que el tabaquismo causa la muerte anual de 8 millones de personas, cuyo 15% lo constituyen fumadores pasivos —1,2 millones de individuos—, matando hasta la mitad de sus consumidores. Por otra parte, el consumo excesivo de alcohol causa, además de defunciones, discapacidades y trastornos mentales a unas edades relativamente tempranas, cobrándose la vida de 3 millones de personas cada año. De nuevo, hábitos que pueden y deben evitarse para mejorar nuestra calidad y esperanza de vida.

Controla el nivel de salud del ambiente doméstico

Gran parte de los problemas de salud que padecemos tienen que ver tanto con nuestras costumbres como con nuestra educación en el hogar y modus vivendi. Uno de los casos más evidentes, el consumo de fritos y alimentos grasos, desafortunadamente fáciles de cocinar en casa y razón de su preferencia frente a platos sanos de menor celebración familiar. Por ello, apostar por alternativas saludables, siendo tanto a partir de dietas más equilibradas —e incluso vegetarianas y/o veganas— como con una freidora de aire digital para evitar abusar del aceite, es nuestra mejor baza. Además, regulando a la par el consumo de azúcares en bollería y otros productos ultra procesados.

Con todo, es preciso destacar que la salubridad de nuestro ambiente doméstico no sólo debe entenderse como hábito, si no también en relación a la pureza del aire de nuestro hogar. A pesar de que nuestra vivienda quede relativamente ajena a la contaminación que se desarrolla en el exterior, la OMS ha advertido que la contaminación del aire doméstico causa enfermedades no transmitibles, a menudo consecuencia del uso de combustibles sólidos al cocinar, provocando la muerte anual de 4 millones de personas. Por ello, cuidar bien cómo cocinamos o utilizar purificadores de aire si vivimos en ciudades muy contaminadas puede ser ese pequeño gesto que nos salve la vida.